Otto Pfister, un verdadero trotamundos, es un técnico quizá infravalorado. A lo largo de sus casi 60 años de carrera como entrenador, dirigió a 24 equipos y selecciones, y se forjó un nombre principalmente en África. No en vano, fue campeón del mundo con la selección ghanesa sub-17, participó en cuatro ediciones de la Copa de África y fue finalista en dos. Además, fue elegido el mejor entrenador del año 1992 en el continente africano.

Pfister también ha ejercido su profesión en el mundo árabe, donde cosechó sus mayores éxitos a nivel de clubes. Después de una etapa convulsa como seleccionador del combinado nacional de Arabia Saudí, el técnico alemán ganó la Liga, la Copa y la Recopa africana, entre otros títulos, al frente del Zamalek SC, equipo de El Cairo. En su etapa en Líbano también se proclamó campeón de liga con el Nejmeh SC, club de Beirut. Por último, fue seleccionador de Afganistán.

Foot et Monde Arabe | ©FIFA Museum
En el marco de la exposición especial «Foot et Monde Arabe» organizaremos una visita guiada de manos del experto Otto Pfister. No te pierdas todo lo que tiene que contar el entrenador alemán acerca de sus distintas etapas en los banquillos del mundo árabe (más información y reservas, aquí). Hablamos con él sobre sus experiencias en la antesala de esta cita.

 

Otto Pfister, háblenos de…

Su relación con las culturas y los países nuevos y desconocidos en los que ha trabajado:
Uno debe aceptar que, cuando llega a un sitio nuevo, se va a encontrar con una mentalidad completamente distinta. La gente de ese lugar ha crecido en un entorno social muy diferente, y también ha recibido otra educación. Si intentas implantar la mentalidad alemana, estás perdido. Si vas con esa idea, más vale que tomes el siguiente avión de vuelta. Lo que hay que hacer es aceptar esa otra mentalidad, adaptarse a ella e intentar influir con mucho tacto en las cosas que uno considera importantes. No sirve de nada rebelarse contra las particularidades locales.

Su etapa al frente de la selección de Arabia Saudí:
Fue una historia rocambolesca. En noviembre de 1997 nos clasificamos para el Mundial de Francia 1998. Apenas un mes después se jugaba la Copa Confederaciones en Arabia Saudí, y en el primer partido nos enfrentamos a Brasil, que vino con todas sus estrellas. Después de perder 0-3, el príncipe Faisal bin Fahd —en aquel entonces presidente de la Federación Saudí de Fútbol— no estaba muy contento que digamos, así que me concedió dos semanas para que le presentara el plan de preparación de cara al Mundial, incluida la lista de convocados. Y así lo hice. Sin embargo, no le gustó mi lista. Quería que cambiara a un futbolista, pero yo me planté y le dije: «Su Alteza Real, sé que es usted mi jefe, pero yo soy el seleccionador y no puedo aceptar algo así».

Acto seguido, me pusieron al frente de la selección olímpica y nombraron seleccionador nacional al brasileño Carlos Alberto Parreira. En el Mundial de Francia perdió los dos primeros partidos de la fase de grupos ante Dinamarca y Francia, por lo que fue cesado, y el príncipe Faisal quiso que yo retomara las riendas del equipo. Regresé al banquillo de la selección al término del Mundial y, tres meses después, le llevé al príncipe el trofeo de la Copa Árabe de Naciones a su despacho.

El derbi de El Cairo entre Zamalek SC y Al Ahly:
El derbi de El Cairo es uno de los más importantes del mundo. Yo lo viví un total de seis veces en primera persona, como entrenador. Es muy especial. Las entradas se agotan semanas antes del partido y más de 100.000 personas llenan el estadio.

Cuando hay derbi, la ciudad se queda desierta. No hay nadie por la calle. Están todos pegados a la televisión o a la radio. La gente está obsesionada con esos dos clubes: duermen con los colores de su equipo y es una pasión que se transmite de generación en generación.

La rivalidad entre ambos clubes y sus aficiones es enorme. Siempre hay disturbios en torno al encuentro. Cuando estaba allí, el presidente de mi club me ponía un guardaespaldas tres días antes del derbi para que nadie se me acercara. Recuerdo también que, siendo yo entrenador, una vez dirigió el derbi el alemán Markus Merk, árbitro FIFA, y en otra ocasión fue Pierluigi Collina. Siempre se traían árbitros extranjeros.

Otto Pfister, en su etapa como seleccionador de Arabia Saudí | ©Getty Images
La influencia de la religión en su trabajo como entrenador:
Como entrenador, uno también debe adaptarse a las particularidades religiosas. Por ejemplo, durante el Ramadán, no se entrena hasta la medianoche, porque los musulmanes solamente pueden comer y beber después de ponerse el sol y, obviamente, no van a entrenar con el estómago lleno. También se adapta el calendario, y los partidos se juegan cuando cae la noche. A veces hay que interrumpir el entrenamiento porque es la hora de rezar. Se reza y después se sigue entrenando. Hay que aceptarlo.

Las diferencias y los puntos en común que existen dentro del mundo árabe:
El gran punto en común que poseen es la religión, el islam. Sin embargo, se interpreta de manera muy distinta en las regiones que hay entre el norte y el oeste de África y la península arábiga. Además, no solo hay chiitas y sunitas, sino que también hay otros grupos religiosos que se diferencian bastante entre sí. Al compararlo con Europa, uno enseguida se da cuenta de que allí la religión es lo primero para la sociedad. Es el máximo precepto, y eso facilita un poco la labor del entrenador, porque existe cierta disciplina y nadie hace tonterías.

Su etapa como entrenador en Líbano, al frente del Nejmeh SC de Beirut
En Líbano, las corrientes políticas y religiosas ejercen una fuerte influencia en el fútbol. Hay un equipo que es de un grupo religioso, y otro que es el equipo del gobierno. Yo entrené al Nejmeh SC, y cosechamos muchos éxitos.

Durante mi etapa en el club, Rafiq al-Hariri, primer ministro de Líbano y patrocinador de mi equipo, murió en un atentado. Cuando ocurrió, yo estaba jugando al ajedrez en una cafetería junto al mar, a dos kilómetros del lugar. Pese a la distancia, sentí perfectamente la explosión. Estas cosas te cambian un poco, así que empecé a darle vueltas, porque aquel no fue el único atentado que viví estando allí.

Estuve un total de dos años en el Nejmeh SC. Pero, después de aquel atentado, no prolongué más mi contrato. Lo hice por responsabilidad con mi familia, no por miedo. El miedo es un mal compañero de viaje. Si tienes miedo, no aceptes un trabajo. Es mejor que te quedes en casa.