Que el mundo árabe albergue torneos de la FIFA no es ninguna novedad. Ya en 1977, la FIFA organizó en Túnez la Copa Mundial Sub-20 masculina. Desde entonces, ha habido numerosas citas en las que esta región ha demostrado ser una magnífica anfitriona. Incluso Catar se estrenó ya como organizador mundialista: en 1995 albergó también la Copa Mundial Sub-20.

No obstante, en 2016 llegó a Oriente Próximo un torneo nunca visto: la primera Copa Mundial Femenina. Aunque «solo» fue en categoría sub-17, lo cierto es que significó un paso muy importante para la promoción del fútbol femenino. Porque, por lo general, el fomento de esta disciplina no figura precisamente entre las prioridades de los países árabes. De hecho, muchos clubes femeninos se fundaron hace apenas unos años o incluso no existen todavía en algunos lugares. Desafortunadamente, la realidad es que las futbolistas no reciben el apoyo necesario por parte de las federaciones, pero Jordania se encargó de demostrar que existe otra manera de hacer las cosas.

Tasneem Abu-Rob and Tasneem Isleem at the FIFA U-17 Women's World Cup Jordan 2016 | ©FIFA/Getty
La primera selección jordana en participar en una Copa Mundial
Ali bin al Hussein, presidente de la Federación Jordana de Fútbol y, al mismo tiempo, príncipe de Jordania, es un firme defensor del fútbol femenino. Él fue la fuerza principal que llevó la primera Copa Mundial Femenina Sub-17 a suelo árabe. Dos años antes, el príncipe Ali se mostró partidario de la supresión de la norma que prohibía a las mujeres jugar con elementos que les taparan la cabeza, como el hiyab. En 2014 se aprobó un proyecto que sirvió para adaptar el reglamento. Desde entonces, a las mujeres se les permite practicar deporte con su tradicional prenda en la cabeza.

La selección femenina sub-17 de Jordania se clasificó automáticamente para la Copa Mundial de la categoría en calidad de anfitriona. Fue la primera participación en una cita planetaria de un combinado jordano, tanto masculino como femenino. La alegría de las jugadoras en su primer partido en el torneo de selecciones más importante de la FIFA era evidente. El hecho de poder demostrar su valía para jugar al fútbol y, por encima de todo, participar en una fase final, era ya de por sí un éxito formidable para el fútbol femenino jordano. Una muestra más de la libertad que existe en Jordania es que no todas las internacionales jugaron con la cabeza cubierta. A pesar de que las anfitrionas tuvieron que conformarse con decir adiós al torneo una vez concluida la fase de grupos, la alegría de la afición local se desbordó cuando Sarah Abu-Sabbah marcó contra México el primer gol mundialista en la historia del fútbol jordano. El fútbol femenino había llegado a Oriente Próximo para quedarse.

Fuka Nagano with the adidas Golden Ball for best player of the tournament | ©FIFA/Getty
Estrellas emergentes en la cancha
En el torneo se pudo disfrutar de un fútbol muy vistoso, y quedó demostrado que se han hecho grandes avances en el desarrollo juvenil. Es más, algunas estrellas del fútbol femenino ya causaron sensación en esta edición del certamen, como la venezolana Deyna Castellanos, nominada al año siguiente como mejor jugadora en los premios The Best de la FIFA. O la española Lorena Navarro, que hizo gala de su olfato goleador y se proclamó máxima artillera del torneo con ocho dianas. Y, cómo no, la mejor jugadora de la prueba, la capitana de Japón Fuka Nagano, que llevó la batuta de las suyas en el centro del campo y distribuyó el balón como las grandes «dieces» de la historia. Por si fuera poco, metió a las suyas en la final. Allí esperaba la potente RDP de Corea, que acabó ciñéndose la corona tras vencer en la tanda de penales y se adjudicó así su segundo título, todo un récord en este joven certamen. La selección venezolana de Castellanos fue cuarta, por detrás de un pujante combinado español que, dos años después, conquistó la Copa Mundial de la categoría.

Jordanian crowd at the match JOR-MEX (FIFA U-17 Women's World Cup Jordan 2016) | ©FIFA/Getty
Cambios duraderos gracias a la liga femenina
Después de ser sede del primer torneo femenino celebrado en territorio árabe, Jordania se ganó a pulso ser un ejemplo de igualdad. Poco después, organizó la Copa Asiática Femenina de 2018 y, con la creación de distintas ligas femeninas, se espera que la imagen de la mujer cambie de manera perdurable en el mundo árabe gracias al fútbol. Los primeros pasos ya se han dado. La Copa Mundial Masculina de Catar 2022 representa el siguiente hito en el largo camino del desarrollo del fútbol en la región. ¿Quién sabe si, en un futuro, asistiremos a la primera Copa Mundial Femenina absoluta en el mundo árabe? Solo el tiempo lo dirá.