La historia de Guillermo Stábile parece atada al fútbol hasta en el menor de los detalles. Su debut en la primera división del fútbol argentino se produjo en la definición del campeonato de 1923, cuando con el club de su barrio, Huracán, jugó una serie definitoria con Boca Juniors: el delantero, ante la ausencia del titular Alfredo Larmeu, estuvo en el once inicial.

Su buena relación con el gol llegaría a partir de 1925, cuando se consagró máximo goleador de la liga, con 17 tantos en 22 partidos disputados. Gracias a eso, pudo dar la primera vuelta olímpica con el club de Parque de los Patricios, barrio en el que el «Filtrador» nació el 17 de enero de 1906.

Guillermo Stábile. | ©Popperfoto/Getty Images
A pesar de estar siempre entre los mejores de la liga argentina, recién pudo vestir la albiceleste en el segundo partido del Mundial de Uruguay en 1930. La ausencia de Roberto Cherro por una indisposición le permitió jugar como titular.

El debut fue soñado: un triplete a México para consolidar el segundo triunfo argentino en el Mundial. En el siguiente encuentro, convirtió dos tantos ante Chile; luego, otros dos a Estados Unidos en la semifinal, y marcó el 2-1 parcial, a favor de Argentina, en la primera final mundialista de la historia.

Sus ocho dianas lo convirtieron en el primer máximo goleador de la historia de los mundiales, obteniendo además un récord único en la selección argentina, ya que aquellos fueros sus únicos cuatro partidos, dándole un promedio de dos goles por encuentro. En el Museo del Fútbol Mundial de la FIFA contamos con la medalla de plata del gran Guillermo Stábile.

Medalla de subcampeón del Mundial de 1930 entregada a Stábile, en el museo. | ©FIFA Museum
Medalla de subcampeón del Mundial de 1930 entregada a Stábile, en el museo. | ©FIFA Museum

Claro que su carrera no culminó allí. En 1931, dejó su Huracán para ir a jugar a Europa. En su despedida del club, recibió como trofeo una estatuilla conmemorativa con una figura de un jugador que representaba a un goleador.

Su carrera en el Viejo Continente se dividió en tres clubes: Génova y Nápoles en Italia y Red Star de París en Francia. En el club galo fue donde se vio obligado a dejar el fútbol por una fractura de tibia y peroné en la pierna izquierda. Esa lesión encierra una historia fantástica, que sus nietos siguen repitiendo con asombro.

Guillermo, Esteban y Roxana, tres de sus nietos, relatan una historia misteriosa relacionada con aquella estatuilla recibida cuando se retiró de Huracán, y la fractura que alejó al delantero de las canchas: «Antes de irse a Europa, mi abuelo le regaló una casa a su mamá con todas las comodidades. En aquella casa del barrio de Pompeya, había un piano y sobre el piano, estaba la estatuilla. Después de que mi abuelo sufriera la lesión, mi abuela llamó a la mamá de mi abuelo para contarle».

Lo que se suponía que iba a ser un drama por el fin de su carrera, terminó siendo un misterio que aún ronda en la familia: «En el mismo momento de la fractura —asegura Guillermo—, la estatuilla se cayó del piano y se rompió en el mismo lugar que se fracturó mi abuelo». Hoy el trofeo, con la fractura en la pierna, se encuentra en poder de su familia.

Guillermo Stábile. | ©Familia Stábile
Estatua de Guillermo Stábile con la pierna rota. | ©Familia Stábile

Stábile regresó a las canchas argentinas, pero como director técnico. Dirigió a San Lorenzo de Almagro, Estudiantes de La Plata, Huracán y Racing. Al mismo tiempo, fue designado por la AFA como DT de la selección argentina.

Entre 1939 y 1960, estuvo al frente de la Albiceleste, equipo con el que conquistó seis Copas Américas (1941; 1945; 1946; 1947; 1955; 1957) y un Campeonato Panamericano (1960). Antes como el «Filtrador», ahora como Don Guillermo, Stábile sumó un nuevo record aún imbatido: 127 partidos, con 85 triunfos, 21 empates y apenas 21 derrotas.

Pero los siete títulos y las dos décadas de carrera, además de ganar el tricampeonato con Racing entre 1949 y 1951, no sirvieron para que fuera criticado por el denominado «desastre de Suecia». Atacado de manera injusta, Stábile fue el receptor de la mayor cantidad de críticas (y agresiones) por parte de la prensa y el público, tras la estruendosa derrota 1-6 ante Checoslovaquia en el Mundial de 1958.

Más tarde, en 1960, la AFA le volvió a confiar la dirección técnica de la selección para disputar el Campeonato Panamericano de Fútbol en Costa Rica, una vieja competencia que tenía protagonistas de CONCACAF y CONMEBOL. Allí, con un nuevo título de campeón, Stábile se despidió definitivamente de la selección

Su fama lo llevó a participar en dos películas de temática futbolística: Pelota de trapo (1948) y Fantoche (1957). En ambas hacía de él mismo, de Don Guillermo, pero otra historia increíble, lo iba a unir con el argumento de la primera película: «Comeuñas» es un chico que soñaba con llegar a ser un crack del fútbol y logra su propósito; pero una serie de desmayos truncan su carrera, ya que los médicos descubren que sufre de cardiomegalia, una enfermedad que le provoca el agrandamiento del corazón.

«Es irónico —relata su nieto Esteban—. Mi abuelo murió el 26 de diciembre de 1966 de un infarto provocado por la misma enfermedad que tenía el protagonista de Pelota de trapo». El goleador y técnico argentino había dejado de existir pocos días antes de cumplir 61 años, pero dejando en su legado un sinfín de récords, un enorme respeto y una vida dedicada al fútbol.

Pozzo, Stábile (derecha) y Rossini. | ©Pozzo Archive/FIFA Museum