Para la carrera de un futbolista, no hay nada mejor que levantar la Copa del Mundo de la FIFA. Cuando Kozue Ando y sus compañeras de selección se hicieron con el primer título mundial asiático en categoría absoluta en 2011, llegaron al final de un camino que, seguramente, fue más difícil que el de anteriores campeones.

A pesar de que hacía tiempo que Japón era uno de los primeros países asiáticos en lo que a fútbol femenino se refiere, normalmente la Nadeshiko no aparecía entre las principales selecciones del planeta. Pero todo cambió en Alemania 2011.

La victoria frente a Estados Unidos, en la tanda de penaltis de la final, vio a Japón elevarse hasta lo más alto. Este hecho supuso un hito en la increíble carrera de las japonesas, que pasaron por encima de gigantes de la talla de Alemania y Suecia.

«Creo que mi mejor recuerdo es el momento en que salió volando todo el confeti dorado mientras levantábamos la copa», relata Aldo al Museo del Fútbol Mundial de la FIFA.

Kozue Ando disputa un balón con la alemana Saskia Bartusiak en los cuartos de final del Mundial de 2011. | ©FIFA/Getty
«Cuando pienso en la Copa Mundial de 2011, no puedo dejar de mencionar los cuartos de final contra Alemania. Fueron especiales para mí, porque siento que Alemania es mi segunda casa, ya que en 2010 fiché por un equipo de la Bundesliga».

«Jugaba contra mis compañeras de club y, además, ellas estaban en su país, con el estadio lleno de aficionados alemanes... La casualidad quiso que fuera el día de mi cumpleaños... Me invadían los sentimientos; ¡había trabajado tanto para dar lo mejor de mí…!».

Las niponas alcanzaron los cuartos de final junto con Inglaterra, superando un grupo donde también estaban México y Nueva Zelanda. Las de Norio Sasaki eliminaron a las alemanas —que defendían el título— gracias a un gol de Karina Maruyama en la prórroga.

«La clave para ganar el título fue el primer encuentro de la fase de eliminación directa, aquel partido de cuartos de final contra Alemania —relata Ando—. Nunca les habíamos ganado, así que pusimos toda la carne en el asador, sin importar el resultado».

«Después de haber jugado 120 minutos y haber vencido a un rival tan duro por primera vez, el equipo adquirió una confianza descomunal. Nos hicimos más fuertes y, tras aquel partido, no concebíamos perder contra nadie más».

Ando y Buehler en una acción del la final del Mundial del 2011. | ©FIFA/Getty
En semifinales se enfrentaron a Suecia y ganaron 3-1. Entonces, llegó la final contra Estados Unidos: eran bicampeonas y, sin duda, las favoritas. Pero las japonesas no se dejaron intimidar. Teniendo en cuenta que el torneo tuvo lugar apenas tres meses tras el gran terremoto que asoló el este de Japón, Ando y sus compañeras estaban listas para cualquier cosa.

«Hubo tantísimos afectados por el terremoto, que no sabíamos si teníamos derecho a jugar al fútbol en una situación así», explica.

«Pero finalmente pensamos que lo que podíamos hacer como futbolistas era jugar al máximo nivel y enviar un mensaje de valor a Japón. Antes de cada encuentro, nos prometíamos que iríamos hasta el final, con el corazón, y que no saldríamos al terreno de juego solo por nosotras, sino por toda una nación».

«El equipo ganó confianza conforme progresábamos y estábamos muy animadas gracias a todo el apoyo y a los mensajes que nos enviaban desde casa. No nos sentimos presionadas, sino emocionadas, al ver que la final estaba cerca».

Y tenían derecho a estarlo. El partido acabó 2-2 tras la prórroga. Hubo que recurrir a la tanda de penaltis para conocer a las campeonas, y el desenlace fue muy emotivo para un país que se hacía con su primer título mundial. Con ello, la Nadeshiko fue determinante a la hora de cambiar de una vez por todas la actitud ante el fútbol femenino en su país.

Maruyama y Ando celebran el pase semifinales tras derrotar a Alemania en el Mundial de 2011. | ©FIFA/Getty

«Cuando era pequeña, era muy raro que las niñas jugaran al fútbol y a la gente le sorprendía verme en el campo», explica.

«Ahora vemos en los colegios a las niñas jugar al fútbol con los niños y hay tantas que sueñan con estar en la selección... Me hace feliz».

En la sección del museo que rinde homenaje a la Copa Mundial Femenina de la FIFA hay una camiseta que Ando llevó en aquel torneo de 2011. La centrocampista sueña con reencontrarse con ella algún día.

«Es un gran honor para mí que el museo de la FIFA tenga mi camiseta», dice.

«Debo dar las gracias a mi familia, compañeras, entrenadores y todos los que se implicaron de una manera u otra. La camiseta que vestí durante la Copa Mundial Femenina de la FIFA me trae muchos recuerdos y emociones. Se me mostró la foto de la camiseta. También me gustaría visitarlo algún día».

Camiseta de Kozue Ando del Mundial de 2011. | ©FIFA Museum