Es una pregunta que a menudo nos hacen aquí, en el Museo del Fútbol Mundial de la FIFA: ¿por qué en inglés son las “Leyes” (‘Laws’) del juego y no las “reglas” (‘rules’) de juego? La respuesta se remonta a la tarde en la que se fundó la Federación Inglesa de Fútbol (la FA) el 26 de octubre de 1863. En esa histórica reunión, los fundadores anotaron las nueve reglas de la asociación. Dichas normas no tenían nada que ver con cómo jugar al fútbol, sino que fijaban las condiciones por las que los clubes podían afiliarse a la federación. La regla 3, por ejemplo, exigía que la cuota anual se pagase por adelantado, mientras que la regla 6 determinaba la hora y el lugar de la asamblea anual.

No fue hasta la segunda reunión de la FA, quince días más tarde, cuando se pasó a considerar las cuestiones sobre el terreno de juego y la elaboración de lo que se convertiría en las “Leyes del Juego”. En la tercera reunión se acordó una lista provisional de 23 reglas. Durante las siguientes reuniones, esa lista había quedado reducida a 13 “Leyes”, antes de que se votase y aprobase en la sexta reunión, el 8 de diciembre de 1863.

Un código universal para hacer del fútbol el pasatiempo invernal favorito
Desde el principio, la FA aspiraba a que sus 13 reglas se convirtiesen en el código futbolístico universal al que se adhiriesen todos los futbolistas; una ambición compartida desde hacía mucho tiempo por los jugadores a lo largo y ancho de Gran Bretaña. El críquet había prosperado a través del Reino Unido como el pasatiempo veraniego favorito de los deportistas gracias, en gran medida, a un solo código de reglas; y la esperanza era que, haciendo lo mismo, el fútbol se consolidase como el pasatiempo invernal favorito de la nación.

The Field Game at Eton - Eton first published their rules in 1847 | ©FIFA Museum
En diciembre de 1858, cinco años antes de la creación de la FA, la búsqueda de un código universal de reglas de fútbol se convirtió en una cuestión nacional cuando aparecieron una serie de cartas en Bell’s Life, el principal periódico deportivo de la época. En una de esas cartas, alguien que usó como nombre Juvenis escribió lo siguiente: “Todas las grandes escuelas de educación secundaria de nuestro país, que deberían servir de modelo al resto, juegan cada una con peculiares reglas propias. Las escuelas más pequeñas eligen sus propias normas de la misma manera, y la consecuencia es que en casi todos los partidos surgen controversias que, desde la diferencia de reglas, son casi imposibles de resolver. ¿Y por qué no debería el fútbol estar regulado por normas fijas al igual que cualquier otro deporte?

Diferentes reglamentos, desde rudimentarios a muy detallados
El fútbol siempre se había regido por las costumbres locales, pero la aparición de los viajes en tren supuso que, a mediados del siglo XIX, la gente se moviese mucho más. Las costumbres locales ya no eran suficientes. Muchas de estas tradiciones locales no quedaron registradas para la posteridad, pero algunas sí. El ejemplo más antiguo son las reglas con las que jugaba el Foot-Ball Club de Edimburgo, que se había creado en 1824. Su fundador, John Hope, anotó seis reglas en un trozo de papel que actualmente se conserva en el Archivo Nacional de Escocia. Las reglas eran:

1. Un libre directo si el balón sale fuera de los límites
2. Empujar está permitido. Agarrar no es antirreglamentario
3. Permitir que el balón se levante entre los campos
4. Zapatos de una sola suela, sin hierro
5. No zancadillear
6. El balón ha de cruzar una línea imaginaria.

No era mucho en lo que basarse, pero otros siguieron su ejemplo. En la década de 1840 también se publicaron las reglas que rigieron el juego en las escuelas más importantes del país. El ejemplo más antiguo que permanece es el folleto elaborado en la Escuela de Rugby en 1845, que está expuesto en el Museo Mundial del Rugby en Twickenham. A diferencia de las reglas creadas por Hope, las reglas de las escuelas solían ser muy detalladas, y cubrían siete aspectos fundamentales del juego.

En primer lugar, estaba la definición del terreno de juego (dimensiones, elaboración de las porterías y marcas del campo); en segundo lugar, cómo marcar; en tercer lugar, cómo se inicia el juego, ya sea al principio, después de marcar, cuando el balón sale por la línea de banda o de fondo, después del descanso… y para los libres directos. El cuarto foco de atención estaba en la conducta de los jugadores, como en lo relativo a regular el contacto físico y cómo se castigaban las infracciones. La equipación, como el balón y la indumentaria, era un quinto ámbito; mientras que el papel de los oficiales (árbitros, capitanes) constituía el sexto. Quedaba por último el más complejo de todos –la mecánica del juego–, que invariablemente derivaba en cómo las escuelas formulaban sus reglas del fuera de juego. El fuera de juego es lo que da al fútbol su estructura, diferenciándolo de una batalla campal masiva.

Charles Thring - Prime mover behind the 1848 Cambridge Rules. | ©Uppingham School
Un primer intento por generalizar las reglas concluye con insultos
En la búsqueda de un juego universal, los criterios para el fuera de juego eran objeto de debate en la misma medida que la utilización de las manos o los pies, o que el componente físico del juego (como poner zancadillas o derribar al rival). Todas las escuelas tenían versiones diferentes del fuera de juego y, cuando los estudiantes pasaban a la universidad, eran reacios a renunciar a las tradiciones de su adolescencia. En 1848, el estudiante de la Universidad de Cambridge Charles Thring propuso el primer intento de un código universal. Las “reglas de Cambridge” se suelen considerar como el momento crucial en el desarrollo del fútbol, con los estudiantes de las diversas escuelas juntándose para crear un código que atrajese a todos. Pero 12 años después, todas las escuelas más importantes (Eton, Harrow, Rugby, Westminster, Winchester, Marlborough y Charterhouse) seguían aferrándose a su propia versión del fútbol, y considerando su versión como la mejor.

En respuesta a la carta de 1858 que escribió Juvenis, Floreat Rugbona le replicó: “Al pie de la carta propone que deberían adoptarse las reglas de Eton, puesto que están impresas. Pero las reglas de rugby también están impresas, y estoy seguro de que los de Rugby nunca accederían a tomar sus reglas de ninguna otra escuela. ¿Por qué no podría jugarse con las reglas de Rugby en todas partes?”. Diez cartas y un mes después, el director de Bell’s Life levantaba las manos desesperado: “Hemos recibido muchas otras cartas sobre este tema de miembros de escuelas públicas, pero están tan entremezcladas con insultos recíprocos que consideramos mejor no publicarlas”. E inmediatamente, puso fin al debate: “Deberíamos haber visto con satisfacción alguna propuesta para generalizar las reglas, pero no parece que haya disposición para ceder en ningún lado”.

Football at Winchester College in Hampshire. | ©Winchester College
Diferentes actores, mismo resultado
Sin embargo, no era sólo en las escuelas donde el fútbol crecía en prestigio e importancia. Los miembros de los clubes de críquet de todo el país estaban empezando a apreciar los beneficios de jugar al fútbol en invierno. En 1845, se había creado el Surrey County Cricket Club en el sur de Londres. Cuatro años después, Bell’s Life informaba de que el club quería “reimplantar el igualmente saludable deporte del fútbol”. Se aprobaron seis reglas; las tres primeras trataban de los socios, mientras que las otras tres estipulaban que los partidos no debían ser con más de 22 jugadores por equipo, que no debían permitirse las patadas intencionadas, y que “el encuentro se decidiese a favor del equipo que patease primero el balón por encima de la ‘cuerda de gol’ de sus rivales”.

Al igual que las reglas del Foot-Ball Club de Edimburgo de 26 años antes, las reglas del Surrey Foot-Ball Club eran muy básicas. En 1857, cuando se fundó el Sheffield Football Club, las reglas eran más complejas, con 11 en total y publicadas bajo el título “Leyes. Para que puedan orientarse los miembros que juegan”. Entre 1858 y 1863, el encendido debate sobre la creación de un juego del fútbol universal prosiguió en los periódicos con destacadas aportaciones de Charles Thring, el autor de las reglas de Cambridge.

Forest Football Club in 1863. | ©The Football Association
Los clubes toman la iniciativa para crear una asociación de fútbol
Dado que nadie transigía, y gracias a la aparición de varios clubes nuevos en Londres, el debate se fue alejando de las escuelas. Cinco clubes fueron especialmente importantes. El Forest Football Club lo habían fundado en 1859 antiguos alumnos de Harrow; en particular los hermanos Alcock, Charles y John. En marzo de 1862, se publicaron en prensa crónicas de partidos del Forest contra el Crystal Palace, un club que tomó su nombre del famoso monumento de Londres y su club de críquet. El Barnes, con la formidable presencia de Ebenezer Morley, hizo su primera aparición en las columnas de los periódicos en diciembre de 1862, al igual que el Blackheath; mientras que el No Names de Kilburn, que tenía a Arthur Pember como principal figura, se unió a la fiesta en abril de 1863.

Una nueva serie de cartas de alumnos de escuelas públicas a los periódicos se sucedió en octubre de 1863, sobre todo en The Times. Pero al mismo tiempo, representantes de los cinco clubes de Londres buscaron anunciándose una reunión que coincidiese con el comienzo de la nueva temporada futbolística. El objetivo era fundar una federación de fútbol con el propósito de crear por fin un código universal de “Leyes” del fútbol. Estos clubes necesitaban reglas acordadas por las que pudiesen enfrentarse entre sí y, así, el día 26 se reunieron en la Freemason’s Tavern. Y el resto, como se suele decir, es historia.

Eso sí, no fue tan sencillo…

Un lento arranque del código universal lleva a la separación de deportes
Los intentos repetidos por incorporar a la causa a las escuelas fracasaron rotundamente. Y en la sexta reunión, el 8 de diciembre, el Blackheath se retiró de la asociación. A sus miembros, que estaban plenamente a favor de las reglas de la escuela de Rugby, no les agradó que las nuevas “Leyes” de la Football Association prohibiesen derribar al contrario. Apenas una semana después de haber creado lo que pensaban que sería un nuevo juego del fútbol universal, el sueño parecía haberse ido al garete.

La división ni siquiera atañía al hecho de tocar el balón con la mano… Las primeras reglas de la FA permitían las manos, pero según avanzaba la década, se hizo patente que el fútbol se estaba dividiendo en dos códigos: uno basado en regatear y dar patadas al balón, y el otro basado en agarrar el balón y correr con él. De la gran cantidad de clubes fundados en las décadas de 1860 y 1870, la mayoría eligió seguir el ejemplo del Blackheath, lo cual, a su vez, llevó a la creación de la Rugby Football Union y las modalidades modernas del rugbi 15 (rugby union) y rugbi 13 (rugby league).

Arthur Pember - First president of The FA. | ©FIFA Museum
Cuando la FA se reunió en febrero de 1867, su presidente Ebenezer Morley llegó a preguntarse si no sería mejor disolver la asociación al cabo de tres años y medio; tal era la escasa asistencia y la falta de interés. La búsqueda de un código universal de Leyes del fútbol estaba siendo un fracaso. El fútbol, en Gran Bretaña y otras partes del mundo, se estaba encaminando a fracturarse en varios códigos diferentes. Si todos los clubes se hubiesen alineado a favor de la FA, no habría habido ni rugby union ni rugby league. Un código futbolístico sólidamente unificado podría incluso haber sofocado el crecimiento del fútbol americano, del fútbol gaélico y del fútbol de reglas australianas.

La lucha por la aceptación continúa
Pese a esa inicial falta de éxito, la FA decidió continuar, y el código del fútbol que regía (el fútbol asociación) luchó por encontrar aceptación frente a la dura competencia de los demás códigos. Que finalmente superase esos obstáculos para convertirse en el deporte más popular del planeta se debió en gran medida a un hombre: Charles Alcock. En el siguiente de nuestros reportajes sobre los orígenes del fútbol, contaremos la historia de cómo Alcock cambió el mundo del deporte, mientras celebramos el 150º aniversario de la que fue tal vez su aportación más inspirada: el estreno del fútbol internacional el 5 de marzo de 1870.