Dar patadas o lanzar balones de todo tipo y tamaño es algo que se remonta a la noche de los tiempos, por lo que no resulta fácil elegir un momento preciso a partir del cual empezar a narrar los orígenes del fútbol. En el Museo del Fútbol Mundial de la FIFA nos centramos, como es lógico, en la historia del deporte del fútbol asociación, la modalidad del juego de pelota creada en 1863 cuyo órgano rector en todo el globo es la FIFA. Pero resulta instructivo saber qué fuerzas influyeron en su creación. En nuestro primer artículo repasamos la función que desempeñaron los clubes en los eventos de 1863, sobre todo el Sheffield FC, la entidad de fútbol asociación más antigua que continúa existiendo. Esta semana viajamos a un pasado más distante aún, hasta la época anterior a los clubes de fútbol, en la que este deporte era un juego agreste e indómito, sin normas ni reglas que guiasen a quienes lo practicaban. Nos vamos al año 1815, en el que el Ba Game de Carterhaugh (Ba es la versión del fútbol medieval que se jugaba en Escocia) representó un paso significativo para el desarrollo del deporte que conocemos actualmente.

Un partido de fútbol para celebrar el fin de la guerra
1815 fue un año importante para las naciones de Europa. Durante un cuarto de siglo, el continente había sido devastado por revoluciones, insurrecciones y guerras. Sin embargo, la batalla de Waterloo, del 18 de junio, supuso la derrota de Napoleón. El afamado escritor escocés Walter Scott fue una de las célebres figuras que visitaron el campo de batalla. En aquel momento él no lo sabía, pero Waterloo iba a marcar el inicio de un siglo de paz casi ininterrumpida, sobre todo en Gran Bretaña, lo que, de la mano del impulso creciente de la Revolución Industrial, cambiaría el planeta hasta hacerlo irreconocible. Después de regresar a Gran Bretaña, Scott visitó a su amigo Charles Montague-Scott, cuarto duque de Buccleuch. Los dos decidieron celebrar el final de la guerra y de la consiguiente amenaza de invasión francesa organizando un partido de fútbol en la hacienda de Bowhill, propiedad del duque, en la región de Scottish Borders.

Ninguna historia del fútbol estaría completa sin incluir una referencia al encuentro que ambos prepararon para el 4 de diciembre de 1815. El Ba Game de Carterhaugh, como pasaría a ser conocido, no fue el primer partido de fútbol que se celebraba en la región, ni mucho menos el último, pero alcanzó una notoriedad muy superior a la de la mayoría de los demás choques disputados antes de que el deporte se regulase. Y gran parte del mérito de ello correspondió a Scott. Escribió una canción coincidiendo con el partido, cuya letra circuló profusamente por los periódicos de todo el país. Llevaba por título The Lifting of the Banner (“El alzado de un estandarte”), y uno de sus versos se convirtió en un himno futbolístico.

Scottish novelist Sir Walter Scott | ©Getty Images
Then strip, lads, and to it, tho’ sharp be the weather,
And if by mischance you should happen to fall,
There are worse things in life than a tumble on heather,
And life is itself but a game at foot-ball.

(“Desvístanse, muchachos, y a ello, sin miedo al temporal,
y si el infortunio hace que haya algún tropiezo,
hay cosas peores en la vida que caer sobre el brezo,
y la propia vida no es más que un partido de foot-ball”.)

El estandarte en cuestión era el de los duques de Buccleuch, empleado tradicionalmente a fin de movilizar a los lugareños para que ayudasen a repeler a los invasores ingleses. Se desfiló con él antes del partido, y 205 años más tarde, por extraño que parezca, sigue formando parte de la colección Buccleuch de Bowhill. Tampoco es lo único que se ha preservado hasta nuestros días, puesto que se conservan copias de la canción de Scott y de otra de James Hogg, conocidas conjuntamente como “La guirnalda de Ettricke”. Se distribuyeron en forma de folleto antes del encuentro, a modo de programa del partido, y el cántico colectivo que se entonó antes de la contienda resonaría a través de los tiempos, como el himno Abide with Me antes de la final de la FA Cup o el You’ll Never Walk Alone que se cantan hoy en día en los partidos del Liverpool y el Celtic.

El Ba Game de Carterhaugh tuvo lugar en la llanura de Carterhaugh, en la confluencia de los ríos Ettrick y Yarrow, en una franja de tierra envuelta por los mitos, de los enfrentamientos fronterizos con ejércitos ingleses, la juglaría, el folclore y la poesía. La cercana localidad de Selkirk aportó los jugadores de uno de los equipos, que lucieron ramas de abeto para identificarse, mientras que los hombres del valle de Yarrow formaron la escuadra contraria, haciendo lo propio con brotes de brezo.

Un paso de gigante para el fútbol
El historiador del deporte Allen Guttmann señala siete criterios que marcan el paso de los deportes antiguos a los modernos. Uno es la introducción de reglas y otro la modificación de dichas reglas. En el Ba Game de Carterhaugh, sencillamente, no las había. Se jugó con las manos y los pies, y cada equipo superaba los cien jugadores. No obstante, el partido sí representó un paso de gigante para el fútbol en cinco aspectos cruciales.

El primero de los siete criterios de Guttmann indica que no deben existir matices religiosos, lo que se cumplió en Carterhaugh. En segundo lugar, argumenta que el juego no debe ser el dominio privado de una élite. Al haber más de cien lugareños por equipo, fue lo más democrático posible. El tercer criterio de Guttmann es la “burocratización” del deporte, lo que sugiere una capa organizativa como sustento del partido, algo innegable en Carterhaugh. El duque de Buccleuch no escatimó esfuerzos para que fuese un éxito. James Hogg se encargó de organizar el equipo de Yarrow bajo los auspicios del conde de Home, y Robert Henderson y el magistrado principal Ebenezer Clarkson se ocuparon del de Selkirk.

La atención que prestó el duque llegó hasta el punto de incluir los refrigerios que se sirvieron, para lo que utilizó su servicio doméstico. Otro guiño al futuro fue la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas, y antes del saque inicial se celebró una ceremonia espléndida en la que Walter Scott exhibió “el antiguo estandarte de la familia Buccleuch”. Un periodista del Caledonian Mercury registró hasta el último detalle de lo ocurrido durante el día, lo que cumplió los dos últimos criterios de la modernidad de Guttmann: levantar acta en el transcurso del partido y conservarla para la posteridad.

Una lucha encarnizada ante unos dos mil espectadores que terminó en empate
El trabajo de aquel periodista nos permite recordar aquel día como si allí estuviésemos, dentro o fuera de la cancha. Escribió que el duque de Buccleuch lanzó el balón al principio y que “los hombres de Selkirk ganaron el primer partido tras una reñida disputa de hora y media de duración”. Un albañil de Selkirk llamado Robert Hall fue quien “arrastró” el primer tanto, y George Brodie, de Greatlaws, junto a Ale Water, logró el segundo para Yarrow tras lo que se describió como “una pugna obstinada de más de tres horas, con fortunas diversas y una gran exhibición de fortaleza y agilidad por parte de los dos equipos”.

Todo ello fue presenciado por un público que, según calculó el Caledonian Mercury, superó las dos mil personas. Fue la época anterior a que hubiese terrenos de juego como es debido, pero también demostró que el fútbol era un deporte no solo para ser practicado, sino que servía igualmente de entretenimiento de los espectadores. El periodista escribió asimismo que “los dos equipos fueron acompañados por muchos voluntarios de otras parroquias, y la aparición de los dos grupos marchando desde sus distintas cañadas hacia el lugar en el que se habían dado cita, al son de las gaitas y con ruidosas aclamaciones, hizo que hasta las personas menos fantasiosas recordasen los viejos tiempos en los que los habitantes de los bosques se reunían con el objetivo, menos pacífico, de invadir territorio inglés o defender el suyo propio”.

La caída del anochecer obligó a detener la contienda antes de que pudiese disputarse un último partido decisivo, aunque Walter Scott planteó el reto de que “se jugase un partido en la primera ocasión que resulte conveniente, con solo cien hombres elegidos en cada bando” para dirimir el resultado. Y, al despedirse, el reportero dejó constancia de que “los perdedores deberán pagar todas las apuestas para los pobres de la parroquia vencedora”. En cuanto a los nobles y terratenientes que habían asistido, pudieron disfrutar de una danza en Bowhill, donde “la fascinación del violín de Gow y la banda los entretuvo en la sala de baile hasta que despuntó el alba de la mañana invernal”. Los integrantes de los dos equipos regresaron a sus casas, aunque no sin que se produjesen casos de altercados entre jugadores, descontentos con algunas de las tácticas empleadas durante el partido. Hay cosas que nunca cambian.

“Uno de los partidos de Foot-Ball más notables de los tiempos modernos”
Nunca antes se había narrado un partido de fútbol con tal nivel de detalle. Al cabo de cincuenta años estaría ya asentado un sector totalmente nuevo, el de la elaboración de crónicas futbolísticas. Aun así, el periodista del Caledonian Mercury no fue el único reportero presente entonces. En marzo de 1816 se publicó en Londres un libro titulado Popular Pastimes (“Pasatiempos populares”), cuyo primer capítulo estaba consagrado al fútbol. Empezaba con la ilustración del Ba Game de Carterhaugh y concluía mediante una descripción que se refería a él como “uno de los partidos de Foot-Ball más notables de los tiempos modernos”.

Un mito popular en la región de Scottish Borders es que el Ba Game de Carterhaugh de 1815 fue la inspiración del deporte del rugby, anterior al mito más popular todavía de William Webb Ellis, quien según se cuenta lo inventó al agarrar el balón y correr con él durante un partido de pelota en la Rugby School ocho años más tarde, en 1823. Pero la relevancia del Ba Game de Carterhaugh va incluso más allá. El historiador deportivo Tony Collins denomina la época anterior al establecimiento de normas como una compleja “sopa primigenia” y habla de la “imposibilidad de trazar una línea de unión directa entre aquellos primeros reglamentos y las normas modernas del fútbol y el rugby”. Sea como fuere, en aquella sopa primigenia el Ba Game de Carterhaugh contribuyó a conformar la imagen del juego de pelota como un deporte a partir del cual se desarrollarían más tarde las normas del rugby y el fútbol asociación, por lo que merece un lugar especial en la historia de todas las variantes a las que dio origen.