Roberto Rivelino fue una de las estrellas de la Brasil que se alzó con la Copa del Mundo en 1970. Conocido por sus potentes disparos a larga distancia, su control magistral del balón y su creatividad a la hora de atacar, el centrocampista fue nombrado por Maradona como una de sus inspiraciones durante su adolescencia. Además de su excelente habilidad en el terreno de juego, su seña de identidad en todo el mundo fue su característico bigote. Para celebrar nuestra exposición permanente «Retrospectiva Brasil 2014», hemos charlado con el antiguo campeón mundial acerca de su carrera, sobre su supuesta invención de la «elástica» y sobre la victoria en la Copa del Mundo.

Rivellino en la exposición del museo. | ©FIFA Museum

¿Cuándo te diste cuenta de que el fútbol se convertiría en una parte importante de tu vida?
Bueno, por aquel entonces las cosas eran un poco diferentes para los niños. Hoy en día, tenéis padres que harán todo lo posible por ayudar a que sus hijos se conviertan en futbolistas. A mí, simplemente me gustaba jugar a fútbol. Si tenía la oportunidad, jugaba todo el día. Siempre estaba en la calle, por eso mi primer libro se llama «Sai da Rua, Roberto!» (¡Entra en casa, Roberto!). Para mí, convertirme en profesional era una progresión natural.

¿Cómo ocurrió eso?
Mi equipo jugaba un partido contra la SE Palmeiras y uno de sus directivos se quedó impresionado. Me invitaron a un entrenamiento. Toda mi familia era del Palmeiras, y yo también. Sin embargo, el entrenamiento no fue bien. Creo que el entrenador ni siquiera se fijó en mí. Estaba furioso. Cogí mis cosas y me fui. Como te imaginarás, fue una decepción enorme y un golpe muy duro para mí. Así que acabé en su archirrival, ¡Corinthians! Tenía unos 15 o 16 años. Todo pudo haber sido muy diferente. Lo gracioso es que este mismo entrenador, Mário Travaglini, se cruzaría en mi camino una década después. Ganamos juntos el título con el Fluminense. Como se puede ver, el mundo da muchas vueltas.

¿Cómo acabaste en el Corinthians?

Camiseta de Tostão del Mundial de 1970. | ©FIFA Museum
Había un directivo en el Indiano, otro club en el que jugué, que tenía contactos con ellos. Les gustó lo que vieron y me invitaron a empezar la temporada con su equipo juvenil. En ese momento, Travaglini se arrepintió y trató de persuadirme para volver al Palmeiras. Pero ya había decidido y, además, era un poco tozudo. Todo fue bien y progresé rápidamente. Ni siquiera tuve que hacer las pruebas. Tuve algunos golpes de suerte con las lesiones de otros compañeros, pero también fue gracias a mi talento. Nuestro equipo juvenil era muy bueno. Si el primer equipo tenía problemas, los más jóvenes nos hicimos rápidamente populares entre los aficionados. Llegaban antes al estadio para ver nuestros partidos. Por tanto, tan solo era cuestión de tiempo...

¿Cómo creaste tu movimiento característico, la «elástica»?
Tengo que reconocerle el mérito a un compañero de equipo en Corinthians, Sergio Eshigo, con el que aún sigo teniendo amistad. Se lo vi hacer por primera vez durante una sesión de entrenamiento. Engañó por completo a un defensor, que acabó fuera del campo. Sinceramente, me intrigó. Pensé: «Vaya, ¿cómo ha hecho esto este chico japonés?». Fui a buscarle después del entrenamiento y me enseñó. Tuve que trabajar mucho para dominar el regate. De alguna manera, acabé haciéndola de una forma un poco distinta a él, ya que adoptaba una posición más lateral al balón y luego estiraba la pierna un poco más con el balón. Sergio dijo que perfeccioné su movimiento. Es una acción muy rápida y a veces el defensor ni siquiera sabe lo que ha pasado. Para mí es un placer ver hoy en día a algunos de los mejores jugadores del mundo hacer lo mismo. El otro día estaba viendo la liga española y Cristiano Ronaldo lo hizo. ¡Fue emocionante!

Antes del Mundial de 1970, ¿tú o tus compañeros de equipo sentíais que podías hacer algo especial en México... que terminarías siendo considerados como uno de los mejores equipos de todos los tiempos?
Sinceramente, nunca se nos pasó por la cabeza. Lo cierto es que cuando nos fuimos a México, nadie pensaba que tuviésemos posibilidades. Hicimos una Copa Mundial decepcionante en 1966 y nos había tocado un grupo muy fuerte con Inglaterra, la defensora del título, y Checoslovaquia y Rumanía, que eran consideradas como las grandes sorpresas del torneo. Por supuesto, teníamos a Pelé y a otros grandes jugadores. ¿Pero teníamos un equipo? Nadie sabía con certeza que pasaría.

 

Tuviste un buen comienzo...
El primer partido contra Checoslovaquia era muy importante. Nos dio tranquilidad. Por eso digo que uno de los goles más importantes de mi carrera fue el primero contra ellos. Se adelantaron muy pronto y yo empaté. Antes de que nos diésemos cuenta, íbamos ganando 4-1. Eso nos dio mucha confianza. Luego vino el encuentro contra Inglaterra. Fue un partido épico y la balanza podría haberse inclinado hacia cualquier lado. Para nosotros, fue el partido más difícil de la competición final. Tenían un gran equipo. Lo bueno de nuestro equipo fue que mejoramos partido a partido. Al final, creo que podríamos haber derrotado a un equipo de las estrellas del Mundial. Fue un torneo fantástico.

Carlos Alberto, Pelé y Rivellino celebrando la victoria en el Mundial de 1970. | ©Imago/Sven Simon

¿Y Pelé?
Puedo decir que nunca jugué con una persona tan positiva y optimista. Su actitud era increíble. Pelé nos daba esa especie de confianza a diario.

Jugaste dos Mundiales más. ¿Qué Brasil tenía mejor equipo? ¿El de 1974 o el de 1978?
No me gusta hablar del torneo de 1978… No creo que hubiésemos ganado. En 1974, creo que tuvimos un poco de mala suerte pese a que luchamos al principio, incluso contra Zaire. Mejoramos y tuvimos nuestras oportunidades contra los Países Bajos. Pero creo que merecieron estar en la final contra Alemania Occidental. El fútbol era diferente en aquella época, no era tan global como ahora. No sabíamos nada acerca del equipo holandés. Ni siquiera sabíamos quién era Cruyff. Cuando los vi jugar por primera vez, contra Uruguay, me quedé asombrado. Eran increíbles. Los holandeses cautivaron a todo el mundo. Revolucionaron el fútbol y hoy en día aún podemos ver el impacto que tuvieron. Pensé que ganarían el título, pero los alemanes era muy buenos también y tenían a grandes estrellas.

Rivellino y el jugador de Zaire Lobilo Boba. | ©Imago/Horstmüller